
Cuando nuestro corazón está herido, tendemos a reaccionar impulsivamente. Palabras dichas en momentos de enojo o frustración pueden dejar heridas profundas, especialmente en aquellos que más amamos. Las emociones no procesadas nos vuelven vulnerables, y el enemigo sabe cómo usar eso para dañar nuestras relaciones.
Proverbios 4:23 nos recuerda:
«Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.»
Si nuestro corazón está lleno de dolor, eso es lo que saldrá en nuestras palabras y actitudes. Y como una piedra lanzada al agua, nuestras palabras pueden causar ondas que duran mucho tiempo, incluso cuando ya ha pasado el momento.
Mateo 7:17dice:
«Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.»
Un corazón no sanado difícilmente dará frutos de amor. Muchas veces, sin querer, entregamos frutos amargos a quienes más nos aman: nuestra pareja, hijos, amigos o padres. Y aunque no sea nuestra intención, el daño puede ser real y profundo.
No podemos seguir escondiéndonos detrás de excusas. Sanar es nuestra responsabilidad. Perdonar no es debilidad, es libertad. Y Gálatas 6:7 nos advierte:«Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.»
Reflexión
¿Qué frutos están comiendo las personas que más amas?
¿Son tus palabras dulces o amargas? ¿Edificas o hieres? Si tu corazón aún guarda dolor, probablemente quienes te rodean están recibiendo parte de esa carga. Pero hoy, puedes elegir sanar. El perdón y la sanidad interior no solo son para ti, sino para bendecir a los que más amas.
Llamado a la Acción
Identifica si estás dando frutos que lastiman o sanan. Pide a Dios que te muestre las áreas donde necesitas sanar y suelta la ofensa. Decide hoy comenzar a sembrar paz, amor y restauración.
Oración
Señor, sana mi corazón. Perdóname por las veces que, sin querer, he herido a los que más amo. Ayúdame a soltar las ofensas y a responder con amor, incluso en medio del dolor. Que mis palabras y actitudes reflejen tu paz. Hoy decido dar frutos buenos, frutos que sanen. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo para Memorizar
Lucas 6:45
«El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.»