
1 Juan 3:1 (NTV)
«¡Miren con cuánto amor nos ama nuestro Padre que nos llama sus hijos, y eso es lo que somos!»
Todos tenemos una necesidad profunda que a veces no sabemos poner en palabras. Una necesidad de ser amados de verdad. De ser vistos, valorados y aceptados sin condiciones. Una necesidad de sentirnos seguros, de tener un lugar donde pertenecer, de saber que, pase lo que pase, hay alguien que no nos va a soltar la mano.
Ese vacío es parte de nuestra naturaleza porque fuimos creados para serhijos amados de Dios. Por eso, cuando no vivimos esa relación con el Padre, buscamos llenar ese hueco de mil maneras: en relaciones, en trabajo, en logros, en cosas materiales, en reconocimiento. Pero nada llena completamente ese espacio, porquesolo el amor del Padre puede hacerlo.
El problema es que muchas veces esta verdad no se siente real en nuestro día a día. Sabemos en nuestra mente que somos hijos de Dios porque lo hemos oído, lo hemos leído, lo repetimos en oraciones y cantos. Pero en el fondo del corazón, a veces nos sentimos huérfanos: inseguros, rechazados, solos. Vivimos cargando heridas del pasado, la ausencia o el dolor que nos dejó un padre terrenal, y eso nos impide acercarnos a Dios como Padre.
Dios quieresanar ese lugar de nuestro corazón. Él quiere que no solo lo digas con los labios, sino que lo creas, lo sientas y lo vivas:“Eres mi hijo. Te amo. Te veo. Estoy contigo. Eres mío.”
¿Cómo podemos acercarnos y verlo como nuestro verdadero Padre?
No se trata de hacer más cosas o de aparentar fe. Se trata de abrir el corazón, de atreverte a dejar que Él entre donde otros no pudieron entrar. Aquí algunos pasos que pueden ayudarte:
-
Sé honesto con Dios.
Habla con Él de lo que realmente sientes. Si te cuesta creer que Él es tu Padre, díselo. Si hay heridas que te impiden acercarte, exprésalas. Dios no se ofende con tu sinceridad; al contrario, es el punto de inicio para una relación real.
«Acérquense a Dios, y Dios se acercará a ustedes» (Santiago 4:8, NTV). -
Busca momentos a solas con Él.
Aparta un tiempo, sin prisa, sin distracciones. No para cumplir con un deber espiritual, sino para encontrarte con el que te ama. A veces el ruido de la vida no nos deja escuchar la voz del Padre que nos dice:«Tú eres mi hijo amado».
«Estén quietos, y sepan que yo soy Dios» (Salmo 46:10, NTV). -
Aprende a reconocer Su amor en lo cotidiano.
Dios no solo se muestra en lo grande y espectacular. Muchas veces Su amor se manifiesta en detalles pequeños: en una provisión inesperada, en una palabra oportuna, en la paz que sientes cuando todo parece caerse.
«Pues el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores. Él es el Dios grande y poderoso… que hace justicia y ama al extranjero, dándole alimento y ropa» (Deuteronomio 10:17-18, NTV).
Un llamado a tu corazón
Hoy, Dios te llama a dejar de vivir como si fueras un huérfano espiritual. Te invita a abrir las puertas de tu corazón para que experimentes de verdad el amor de un Padre que nunca abandona, que nunca deja de amar, que siempre está dispuesto a recibirte.
No importa lo que falte en tu historia o lo que otros no pudieron darte:Dios puede llenar ese vacío.
Oración
Padre, aquí estoy. Con todo lo que soy, con mis heridas, con mis miedos, con mis deseos más profundos. Quiero acercarme a ti y conocerte como mi verdadero Padre. Sana mi corazón, llena mis vacíos, ayúdame a sentir y a vivir como tu hijo amado. Enséñame a confiar en tu amor cada día. Amén.